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El aroma del color

La naturaleza siempre nos sorprende. Tiene esa capacidad innegable que las personas aún no hemos sido capaces de recrear: siempre nos sorprende.

 

Sea por un gran desierto, un gran océano. La montaña más alta o el valle más plano. No importa a qué extremo nos aproximemos. Tampoco importa si nos fijamos en el medio.

 

Incluso en lo cotideano, en lo que estamos habituados a contemplar, la belleza está ahí. Sólo debemos tomarnos un minuto para descubrirla, para apreciarla. Para ver sus colores, sus siluetas, sus simetrías. Su caos tan aparente que completa el patrón que nos da la paz.

 

Aquí a modo de regalo algunas flores. Sólo observarlas nos devuelve la tranquilidad y el anhelo de sobriedad.

 

Sólo un minuto detenido para disfrutar una flor puede cambiarnos el día.

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